
Fernando J.Pérez
Enviado especial |
La
expedición llega a los 4.900 metros en su primera incursión
en la montaña
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| Iñurrategi inspeccionando
la montaña. |
La expedición al Annapurna alcanzó ayer los 4.900 metros de
altitud en su primera incursión en la montaña. El objetivo de
situar ya el campo 1 no pudo cumplirse, pero sí el de tener un
primer contacto con la montaña y empezar a descubrir las sorpresas
que les guarda. Y la primera está nada más salir del campo base.
Pese a su ubicación, definitivamente el paso por el glaciar es
obligado y ayer ese tramo volvió a ser el más peligroso, sobre
todo las rampas de entrada y salida a la lengua de hielo.
A partir de ahí, en la ladera derecha del glaciar, encontraron
una pala de nieve y roca de unos 300 metros de desnivel que les
situó debajo de una gran roca que da acceso, 400 metros más arriba,
a un gran plató bajo la cumbre del Shingu Chuli, donde tienen
previsto instalar el campo uno (5.300 m.).
Tras cuatro horas de ascensión y después de dejar un primer depósito
de material (cada montañero cargó con unos 15 kilos de equipo
de escalada y tiendas), los seis alpinistas dieron por suficiente
el esfuerzo de este primer día de actividad y volvieron al campo
base. Para hoy queda equipar el tramo de roca hasta el C-I, en
el que deberán colocar, según sus cálculos previos, unos 200 o
300 metros de cuerda fija, y la instalación del primer campo de
altura.
Las impresiones de esta primera toma de contacto fueron positivas
y confirmaron las apreciaciones previas sobre la ruta, según Alberto
Iñurrategi. «Más o menos nos hemos encontrado lo que esperábamos.
El paso del glaciar es muy incómodo e incluso peligroso en algún
punto y no creo que tengamos una vía alternativa», explica el
de Aretxabaleta. En el descenso, Veikka y Lafaille se aventuraron
por otra ruta para evitar el hielo, pero en cuanto llegaron al
campo base la desecharon por demasiado peligrosa, aun más que
la del glaciar. «Era una zona de mucha pendiente con nieve sobre
hierba en la que nosotros ni nos hemos querido meter», aclaró
Iñurrategi.
Esta primera jornada de contacto con la montaña ha sido también
la primera en la que los seis expedicionarios han trabajado juntos.
Alberto Iñurrategi, Jon Beloki y Jon Lazkano ascendieron hasta
los 4.900 metros de altitud con el francés Lafaille, el estadounidense
Viesturs y el finlandés Veikka (prefiere que le llamen por su
nombre de pila que por su apellido, Gustafsson). El grupo es,
sin duda, uno de los más fuertes que se pueden reunir ahora mismo
en el mundo del alpinismo, como lo constata el hecho de que entre
todos sumen casi 40 ascensiones a Œochomiles¹, y el contacto también
fue positivo. «Es muy buena gente en todos los sentidos, muy profesionales,
y pienso que nos vamos a llevar muy bien», explica Iñurrategi.
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