Andy Warhol y la Factory

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WARHOL MUSICA

El padrino de una banda oscura

Andy Warhol quiso aprovechar el tirón del rock entre la juventud estadounidense apadrinando a The Velvet Underground, un grupo de sonidos saturados en la que se encontraron Lou Reed y John Cale

JOSU OLARTE

A finales de 1965, Andy Warhol disfrutaba de la celebridad que parecía perseguir desde que llegara a Nueva York a principios de los cincuenta. Todas las revistas hablaban de su persona, de sus provocadoras obras, de sus películas y de las pequeñas historias de la Factory. Pero a Warhol le faltaba algo para ser una verdadera estrella del arte pop, un verdadero gurú la modernidad. Aún no se había integrado en el explosivo circo del rock, la manifestación de la cultura popular en la que más se reconocía una juventud americana en continua agitación.

Lou Reed con el padrino al fondo.
Influenciado por el ejemplo de célebres mánagers de la época, como Brian Epstein de los Beatles o Andrew Oldham de los Rolling Stones, Andy Wharhol decidió tener también un grupo de rock. Fue entonces cuando abandonó temporalmente la pintura y buscó un nuevo apoyo para sus películascon un sonido y una luminosidad cercana a las primeras discotecas psicodélicas.

Warhol encontraría el instrumento ideal para ampliar sus actividades artísticas en el grupo The Velvet Underground. Gerard Malanga y Barbara Rubin, una habitual de la Factory, habían descubierto en el Café Bizarre (un bareto para turistas del Greenwich Village) a la más anómala y turbia de los bandas neoyorquinas. Persuadido por sus consejeros, Warhol acudió a verles y, aquella misma noche de diciembre de1965, se enamoró de aquel insano cuarteto de estética siniestra que expresaba su descarnado nihilismo a través de una música tosca, grave y saturada.
El cuarteto estaba formado por la batería Moe Tucker, el bajista Sterling Morrison y dos talentos opuestos pero complementarios: John Cale, un músico de conservatorio con veleidades vanguardistas, y Lou Reed, un ácido poeta urbano. Aquella noche había sido citada también Nico, una escultural modelo alemana que había trabajado con Fellini en La dolce vita y anunciado brandy de Osborne desnuda sobre un caballo en España.

Andy había encontrado a su grupo. De la noche a la mañana, Warhol lo rescató del circuito subterráneo, lo instaló en la Factory y, pese a la oposición de Reed, decidió que la maniquí germana sería la cantante del grupo al que rebautizó como The Velvet Underground and Nico.
De inmediato. plantea las primeras y provocadoras actuaciones que se desarrollan conforme a unos roles pretederminados por el mismo. Nico al frente, presidiendo con su voz fría y su estilizada silueta, Malanga evolucionando embutido en cuero negro y agitando un látigo, luminarias de la Factory desfilando frente a las imagénes mudas de las películas que el propio Warhol distorsiona con luces de colores. Y el grupo tocando cada noche una música atonal y siempre diferente. La más importante de sus funciones sería un Andy Warhol, Up Tight (Andy Warhol, atado), un concierto de rock multimedia de título revelador en el que Barbara Ruin discurría entre espectadores planteandoles espinosas cuestiones sexuales mientras todo era filmado.

Poco después, Andy diseña la célebre banana que se convertirá en logotipo oficial del grupo y produce, limitándose a poner el dinero, The Velvet Underground and Nico. El álbum tarda más de un año en ver la luz y, sin más promoción que el mero nombre de Warhol, pasa inadvertido.
La suerte les esquiva y el grupo comienza a labrarse se leyenda de malditismo. En mayo de 1967, los miembros de The Velvet Underground deciden, de común acuerdo, romper sus ligaduras con su mecenas. Andy abandona su vocación de manager pero aun coqueteará con las celebridades del rock como Bob Dylan, Brian Jones, Mick Jagger, John y Yoko y, más tarde, Sid Vicious, Boy George o Madonna. Como cantaría David Bowie en su álbum Hunky Dory (71): «Andy había renunciado a que todos participaran en su espectáculo».

Homenaje sentimental

J.O.

Decididos a restaurar el recuerdo de su viejo amigo y mánager Andy Warhol, John Cale y Lou Reed se reunieron en 1990 por primera vez desde la diáspora de Velvet Underground. Su idea de ofrecer una despedida al albino icono del pop art se impuso a las relaciones turbulentas que siempre habían mantenido desde que ambos pugnaran por ganarse los favores de un Warhol que desesperaba a todos con su indiferencia.

La memoria sentimental de ambos sepultó el viejo resquemor que en su día despertó en el grupo la expulsión de Cale por el ambicioso y suspicaz Reed. Y la sinceridad de su ánimo se tradujo en Songs for Drella, un sombrío, pomposo y solemne álbum de art rock planteado como un retrato fragmentado, confuso, irónico y hasta contradictorio del alma singular, extraña y compleja de Andy Warhol.

Cale, músico aleccionado en su juventud por músicos de vanguardia como La Monte Young o John Cage, y Reed, un guitarrista ácido de prisma urbano, eligieron para sus retratos un acompañamiento de violas, teclados y guitarras, diáfano e intrincado al mismo tiempo. Lou apuntaba distorsión atonal para subrayar el lado más ambicioso y polémico de la personalidad de Drella, e incluso llegaba a plantear en I Believe un cara a cara ficticio con Valerie Solanas, después de que descargara a Warhol tres balazos en el pecho.

Cale incidía con su viola en los temas más atmosféricos del disco. Piezas solemnes como A Dream, que reflejaban con sutileza las fobias y miedos de Warhol a partir de notas extraídas de sus propios diarios. Sobre todo el disco flotaba la semblanza de un artista cercano a quien en ningún momento se intenta mitificar.

El disco a la mayor gloria de Drella, mote surgido de la contracción de Dracula y Cinderella (cenicienta) con el que solían referirse a Warhol en su entorno, coincidió con la puntual reunión del grupo con ocasión de la ambiciosa retrospectiva warholiana organizada en 1990 en Paris por la Fundación Cartier.

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