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Entre olores de incienso

El arquitecto Sverre Fehn dice que los museos son las catedrales de la época moderna. En Vitoria han matizado esta visión para convertir la Catedral Nueva en un espléndido centro de arte, con 234 obras fechadas entre los siglos XII y XX. Los lienzos de Ribera, Luca Giordano y El Greco compartirán espacio con altares góticos y retablos hispano-flamencos

Marta Virginia Ruiz

'San Francisco', de El Greco.
Treinta años después de su consagración, la catedral de la María Inmaculada de Vitoria, más conocida como Catedral Nueva, cederá su girola para mostrar el esplendor de 234 valiosas piezas sacras de la provincia fechadas entre los siglos XII y XX. Los responsables de la Diputación y el Obispado han inaugurado el Museo de Arte Diocesano de Alava, un sueño que albergaban desde hacía años y que por fin han conseguido materializar. Cuestión de fe.

Detalle del 'Cristo Crucificado' de Ribera. Abajo, una andra mari de las varias que se ubican en el museo.

Los prolegómenos del acuerdo comenzaron a esbozarse ya en 1978, año en que se constituyó una sección de Arte Sacro en el por entonces Museo Provincial, hoy Museo de Bellas Artes de Alava. En 1986 otra zancada acercó a los dirigentes a su objetivo: la creación de una Comisión Mixta entre las dos entidades para la conservación de los bienes culturales. Pero el verdadero impulso llegó en noviembre de 1997, con un acuerdo entre la institución foral y la Diócesis que marcó el inicio de una relación proyectada para dar y recibir. La Diputación se comprometió a aportar 125 millones para habilitar en 800 metros cuadrados un espacio expositivo sin modificar la estructura original del templo neogótico. A cambio, el Obispado cedió sus fondos.

La pintura renacentista y barroca representa una de las grandes bazas del centro

Mientras los técnicos acometían las reformas, los especialistas se encargaron de analizar la colección de Arte Clásico del Museo de Bellas Artes y los fondos de la Diócesis para seleccionar las creaciones. La elección recayó sobre 234 piezas desafectadas de culto o abandonadas, que reflejaban el rico patrimonio artístico de Alava y contenían un valor catecúmeno: 48 procedentes de la Diputación y el resto, del Obispado.

Los responsables del Museo han distribuido las diferentes obras en trece capillas en función de criterios artísticos y cronológicos. En la entrada, un vestíbulo acoge una selección de creaciones que permiten concebir una idea de la muestra. El visitante se topará con la Andra Mari de Ullibarri-Viña, la Inmaculada de Jerónimo Ezquerra, la Cruz de Ali o la imagen de San Pedro, conocido como obispo de Lecea.

Detalle de un lienzo de Tiziano.
A continución, las salas están catalogadas con nombres genéricos relacionados con los materiales predominantes. La sección Piedra se centra en los estilos prerrománico y románico y acoge, entre otras, un altar y las celosías de Obécuri, el altar de San Jorge de Cripán y una estela discoidal de Galarreta. Detrás, las salas destinadas al Tronco albergan diversas andra maris, tales como las Etxabarri Viña y Gamarra, y elementos de imaginería gótica, como la tabla de Jócano, las tablas de Tortura y el Cristo Crucificado Zurbano.

El museo no cobrará la entrada

'San Pedro', de Ribera. Abajo, una talla que representa a Cristo bajado de la cruz.
La tercera parte exhibe diversos elementos de uso litúrgico. Las capillas dedicadas a la Tabla pintada recogerán trípticos, elementos de retablos gótico-renacentistas y obras de transición hispano-flamenca. Entre ellas, el Descendimiento de Van der Goes, el tríptico de la Adoración de los Reyes de Salazar y el tríptico de la Sagrada Familia de Heredia.

La siguiente sección, dedicada a la pintura de estilo renacentista y barroco, representa una de las grandes bazas del museo. En su interior, los visitantes podrán contemplar el San Francisco de El Greco; la Inmaculada Concepción, de Alonso Cano; La predicación de San Juan Bautista, de Luca Giordano; Mariana de Austria y La Inmaculada, ambos de Juan Carreño de Miranda, y el Cristo Crucificado, San Pedro y San Pablo, los tres de Ribera. El recorrido lo cerrarán las salas centradas en la platería, con piezas fechadas entre el románico y el siglo XX.

El museo, de entrada gratuita, abrirá sus puertas al público en general el sábado. De miércoles a sábados, tendrá un horario de diez a dos y de cuatro a seis y media de la tarde. Los martes se podrá acceder sólo por la tarde, mientras que los domingos y festivos de once a dos de la tarde. Permanecerá cerrado los lunes, los días de ordenaciones, los domingos de Pascua y Ramos y en Corpus Christi, los días idóneos para madurar las cuestiones de fe.

El milagro de El Greco

M.V.R.

A principios de los años ochenta el Museo de Bellas Artes de Vitoria compró a un particular de Bilbao un cuadro del siglo XVI que catalogó bajo la autoría del Círculo de El Greco. El lienzo, de 102 centímetros de base por 144 de altura, exhibía el título de San Francisco y mostraba al santo arrodillado con la mirada fija en un crucifijo y una calavera. Pero la restauración de la obra, proyectada para incorporarla al Museo de Arte Sacro, dejó estupefactos a los especialistas.

Una técnica limpia el marco de uno de los cuadros expuestos.
Debajo de la capa que había ido recubriendo a la pieza desde su concepción, hace ya cuatro siglos, los restauradores se toparon, además de con sus previsibles colores originales, con la rúbrica del pintor cretense. A pesar de la evidencia, resultaba difícil asumir el milagro. Los responsables de la institución foral tornaron el ver para creer en tocar para asumir y solicitaron un análisis detallado de la obra.

El encargado de transformar el agua en vino fue el catedrático de Historia del Arte Fernando Tabar. Tras un estudio pormenorizado de las pinceladas y las características del cuadro, el especialista concluyó que la autoría correspondía a Domenicos Theotocópulos, más conocido como El Greco (Iráklion, 1541- Toledo, 1614). Ahora, el museo de la catedral nueva de Vitoria se dispone a abrir sus puertas para exhibir el cuadro de un maestro que forjó su formación junto a Tiziano y Tintoretto y que supo conjugar el misticismo y la religiosidad de la España coetánea con el tratamiento estilizado y alargado de las figuras.


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